"Mi padre dijo una vez: si quieres ver el alma de alguien, tienes que conocer sus sueños. Asì sentiràs compasiòn por aquellos que estàn peor que tù". Arizona Dream - Emir Kusturika
sábado, 27 de junio de 2009
A La Gitana
Ella la de ojos azabaches
que corre detrás del viento
la veo pasar y sonrío
le saludo de lejos y ya se ha ido
navegando va por las corrientes
de su ser,
su no ser,
finge que va
pero mentiras que esta viniendo
vuelve la mujer de ojos azabaches
que no es, porque juega a que es otra
otra que no vuela con el viento
otra que danza en las llamas del tiempo
para jurarle a la inmensidad
que no es ella
que la de ojos azabaches ya ha partido
obsesionada va con sus delirios
esos antagónicos que le recuerdan ¡si!
soñar tiene su precio
la fantasía limita con el sufrir errante de quién ve
colores en las palabras,
y la sinfonía de los olores
le reenumera el olor musical de los aromas fríos y húmedos
ella que ahora no es una
que se desdobló para ser otra
caminando van una por acá otrapor allá
y yo sigo sonriendo
mientras las veo pasar
cada una en su propio horizonte
mientras una le dice a los demás
¡hey! esa de allá no es
esta es la que soy
que la que soy no puede ser ella
y que se rían
y que me digan que mi actuación es única
y muy genial.
martes, 26 de mayo de 2009
Federico García Lorca (Elegía a Doña Juana la Loca)
Eras una paloma con alma gigantesca cuyo nido fue sangre del suelo castellano, derramaste tu fuego sobre un cáliz de nieve y al querer alentarlo tus alas se troncharon.
Voy a salir corriendo de mí para regresar fetalmente al vacio
Si volará hacia otro lugar arrastraría la angustia como equipaje
Donde me pierda me encontrare de nuevo en desgracia
De nuevo ese deseo aniquilante para dejar de sentir
feto, feto, feto... Que quiero volver a la nada mi madre errante me busca y yo que quiero volar
Que ingratitud madre que deseo retornar a ti sentir como sientes pensar como piensas
Alimenta mi hambre madre que tengo frío...
Cubreme con tu sangre dame vida y nunca dejes que me vaya
Rompe la fuente de mi llanto madre no me dejes salir del aposento de tu piel...
Tenme ahí contigo en la nada en la seguridad de una caricia protegida en la barrera que existe entre ti y el mundo.
Como las alas de ícaro que se desvanecieron en el fulminante ardor del Sol, en particulas se vinieron a bajo las ilusiones, los deseos, las añoranzas de lo imposible. Alas conocedoras de universos extintos agonizantes quedaron en el crepusculo incierto de lo terreno y mundano. Alas que recordarón que traspasar los límites de lo tangible era una bella manera de morir. Exhaustas y colericas las plumas danzaron en el porvenir de los pies errantes y ella se dijo ¡Y no siento mis alas! Las perdiste Le respondí confundida ¿Que paso con el vuelo? ¿Porque caer entre malezas estando ya en las puertas de lo infimo?
Sublime es tu vuelo, delmira, que en la caricia de mis ojos con el papel volarás y caerás... eternamente.
“La muerte es ese amigo que aparece en las fotografías de la familia, discretamente a un lado, y al que nadie acertó nunca a reconocer.
La muerte, en fin, es esa mancha en el muro que una tarde hemos mirado, sin saberlo, con un poco de terror”. Eliseo Diego
Se le haría a usted posible que en este relato estén los registros de un hombre ya fallecido. Pues este es mi caso, omitiendo cualquier efecto de rechazo por quién lo lea, o de escepticismo, he optado por comentar que en la noche de ayer fui asesinado. No se cuantos muertos han tenido la gran idea o por mejor decir, opción de explicar los pormenores de su muerte. En mi caso específico, me encuentro en una situación incomoda, porque llevo pensando como le contaré a mi madre, mujer vieja y enferma, sobre mi defunción.
Me he sentado en su mesa, a recibir el desayuno diario, con mi hermana que me mira de manera extraña, le pregunto que le sucede y no responde nada. Tomamos los cubiertos, yo los regreso a la mesa y dedico un silencio en homenaje a mi muerte. Las miro, mientras comen, y después de ver que nadie sea decidido a romper ese silencio que comienza a ponerse incomodo, tomo la voz y miro a los ojos a mi madre,
Mamá !ayer me mataron!
Escuchó sus alaridos, me alega ¡que como fui capaz de morirme en esta escases económica!, me pregunta que ¿como así?, que si vio mijo le dije que no saliera tan tarde!…que ¡¿ahora que iba hacer ella para mantener sola a mi hermana?!, ¡que como se me ocurría a mi morirme ahora!, porque no después...
Son las 7 de la mañana, suena el teléfono y mi mamá se despertó para contestarlo.
-alo
-alo buenas, es usted la madre de Federico Rincón?
-si ¿porque? ¿Pasa algo? ¿Quién es usted?
-ah señora, lamento comunicarle esta mala noticia, pero su hijo fue dado a muerte en la noche de ayer.
-¡Que! ¿Como así?, usted esta bromeando ¿verdad?, dígame que es mentira. Señor, mi hijo no le ha hecho mal a nadie, no es posible que haya sucedido algo así
-No, no señora, que pena. En realidad, no es una broma, mi sentido pésame...
Minutos después la vi tendida sobre la cama llorando, quería acercarme a ella y abrazarla, para decirle que no se preocupara, que todo estaba muy bien, que después de todo la muerte no era tan mala como la gente pensaba. Le diría como siempre para tranquilizarla, como cuando no teníamos con que pagar los servicios ni el colegio de lucía; mamá morirse es una acción mas de la existencia, es como comer, dormir, pero no esta mal morirse de vez en cuando, y menos ahora que la muerte camina por las calles llevándose a cualquier miserable, me tocó a mi, mañana le toca a otro, y así sucesivamente. Mamá no lloré ¡por favor!, que me parte el alma verla así, -ahora que solo poseo alma- yo voy a estar ahí pendiente de las dos, mamá no me haga llorar ¿si?
Porque inversamente había tratado de ver la muerte de la mejor manera posible, ¿que podía hacer yo?, lamentar sobre mi cadáver un cuerpo que deje ir por indulgencia.
No es común que la imaginación de un ser vivo alcance a percibir como se pierde la vida, porque son misterios tan inalcanzables hasta para la fantasía, que inclusive, comprendes que morir es mas simple de lo que había querido la ficción anotar, porque para mi, en este otro umbral del mundo, morirse es como ir caminando por la calle, sentir un estruendo fuerte en alguna extremidad, perder la lucidez y caer desvanecido sobre el asfalto. Y así fallecen muchos, y así fallecerán tantos otros, si tienes suerte un día cualquiera te llega, o valdría decir, si no la tienes, porque morirse es una acción como muchas, del azar, del uno, dos, tres, cuatro, te tocó a ti...
lunes, 9 de marzo de 2009
Me dejo caer como hoja en otoño del suelo retomo vuelo para depositar mis alas en alguna lejana instancia mas allá de mí mas proxima a la línea que separa el horizonte de la noche Recaigo, me dejo vencer en las olas silenciosas sin suscitar ningún murmullo que las despierte me embriaga este sosiego este andar vacilante por el mundo llegando a la línea infinita perdida en el derrumbe celestial del cosmos me dejo ir me dejo ver me dejo ser...
"Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas". J.L.Borges
Me miró, nos miramos, se sentó en mi mesa, tomo de mi café sin perder por un segundo de vista mis ojos, acarició mi mano y me ruboricé. La reconocía, con exactitud donde o como, no. Era un rostro familiar, de esos que se cruzan atrevidos en tus sueños para recordarlos al día siguiente de camino al trabajo.Pero estos, sus ojos, oscuros como lagunas, azabaches; me ahogaban y sumergían mis recuerdos en un estancia desconocida, algún lugar donde no podía ubicar mi memoria.No podía negar la seducción que me producía entrar en ellos y ser también su última visión. ¿Sentiría celos acaso, cuando ella movida por el sonido estruendoso de algún lápiz al caer, de vuelta a su mirada, para encontrarse con otros que también creen reconocerle? Tal vez si! Por ahora, disfrutaba aún de nuestra intimidad visual, del silencio que compartíamos sin motivo alguno, nada decíamos, porque no eran necesarias las palabras.
Absorta le observé por largo tiempo, vi sus ademanes al tomarse el café, el movimiento oblicuo de su mano para levantar la taza y el modo como parpadeaban sus ojos al saborearse. Veía en su rostro una sonrisa de satisfacción, creía yo, orgullosa de ser el centro de mi turbación y congoja. Esta mujer, era desde ya propietaria de mis pertenencias, se fumó uno a uno los cigarros contenidos de la cajetilla que horas antes había comprado. No quería ninguna distracción, así que preferí aspirar del humo que ella lanzaba atractivamente hacía mi rostro.
Acabado el último cigarro, creí ver algún cambio en la expresión de su cara, frunció el ceño y oh dolor! volteó su mirada hacia el hombre que estaba sentado a mi derecha. Sentí como algo inexplicable se pasaba por dentro para calcinarme. Me preguntaba si ella estaba esperando mi reconocimiento, mi reacción al comprender de donde me era familiar su imagen, tal vez expectante de un saludo cordial o una sonrisa de alegría al reencontrarnos. Pero no, no lo sabía, y en mi memoria no cabía ella, era como si al mirarla estuviera siendo registrada por vez primera, para quedarse intacta y eterna cada vez que tomaba de mi café, me acariciaba tímidamente la mano y fumaba de mis cigarros. Segundos después, recobré el aliento, había vuelto a clavarme sus ojos, y otra vez, experimentaba esa sensación de ahogo y de asfixia, de añoranzas aniquilan tés, de dolor sofocante y de olvido.
Lo único que pensaba de momento,en lo mucho que dolía aquella presencia, tan pesada para mis ojos, tan silenciosa para mi voz, tan lejana para mis manos. Y no había ya ningún cigarro que al menos logrará despistar mi sensación; ¿Que iba hacer? me lo cuestionaba repetidamente, tenía deseos de salir corriendo, como salirme de mí, de nuevo ese querer aniquilarme. ¿Pero porque no interrumpía el silencio? ¿Porque no salían palabras de mi boca? Sin embargo todo seguía ahí, intacto como hace horas; Yo, mirándole, ella tomando de ese café interminable, fumando de ese último cigarro que tenía entres sus manos y yo de vez en cuando sintiendo el estremecimiento del roce de su mano con la mía.
No todo podía quedarse estático, todo tenía que acabar-pensaba dándome esperanzas-, debía culminar la noche y la luna cambiaría de posición, de este modo, me percataría de la movilidad del tiempo. Afortunadamente minutos después, un torrente de lluvia cayó, ella movida por el estruendo de la lluvia y el frío que comenzaba a ser notorio sobre su blusa, agarro mi mano, y me indico que la siguiera.
Caminamos algunas cuadras a merced de la lluvia, orgullosas la desafiábamos con desdén, no era necesario correr, íbamos a paso lento, sintiendo el palpar de las gotas derramadas por nuestros cuerpos, su humedad y la mía. Líquidos yacían a nuestro alrededor, llovizna, agua sobre el mundo, agua sobre nuestros cuerpos, nuestros pies bailando sobre los charcos creados de la lluvia, todo un homenaje al zumo natural de la vida.
Al llegar a un frondoso árbol, ella se adecuó frente mío, y con sus manos líquidas empezó a acariciar mi rostro, lo miraba con una ternura que hasta ahora conocía, bebió del agua cayendo por mis labios, sentí perderme, vaciarme, dejar de ser. Ese reposar de sus labios sobre los míos, me había dejado perpleja, reconocía su aliento a tabaco, cafeína yalmíbar, pero nada que recordaba a quién…? Aún estaba ese lago inmemorable del olvido que no dejaba penetrar el recuerdo del porque? ¿Porque la sentía tan mía? ¿Tan yo? Dolían sus besos, que ardientes me quemaban como ningún otro beso lo había hecho, pero le seguí el juego. Me despojó de la vestimenta, y del mismo modo como palpó mis labios húmedos, lo hizo con mi cuerpo temeroso, mientras tanto, exploraba en ella algún vestigio que terminará por aclararme la duda de quién era, me dedique a medir sus manos,rozar sus dedos, oler cada centígrado de sus extremidades y a sentir toda la humedad inherente de su cuerpo, con intentos de derruir todos los abismos antes interpuestos entre las dos.
Desperté y la mas bella luz del sol - que jamás había visto- se proyectó sobre mi rostro, no me cegaba, contrariamente aclaraba el día de manera asombrosa, el equilibrio perfecto de la luz sobre los objetos del mundo. Adormecida y cansada, me levante del árbol, agarre mi ropa para vestirme de nuevo y al hacerlo cayó sobre el suelo la cajetilla de cigarros, para mi sorpresa completamente llena. Recordé fugazmente los sucesos de la noche y una extraña sonrisa de la nada se asomo por mis labios, como en complicidad conmigo misma. No le di mas vueltas al asunto y proseguí mi camino a casa.
Estando apoca distancia, pude ver una silueta sentada en el escritorio de mi cuarto, cuanto iba acercándome a la escena, noté sorpresivamente que era ella de nuevoy tenía entre sus manos el ejemplar de uno de mis libros predilectos, cuál leía con orgiástica atención. Mezcla de rabia y celos, quería sacar a esa mujer de mi cuarto,imploraba decirle que se largara de mi vida, que la odiaba con todo el odio que se le puede tener a quién uno ama, pero que tendría que irse, irse pronto de mi…De pronto un fuerte estruendo se comenzó a perpetuar en mi cabeza, y acto seguido, una voz muy nítida que venía de les estrechos confines de la memoria,repetía:
“Erase una vez un individuo de nombre Harry, llamado el lobo estepario. Andaba en dos piesllevaba vestidos y era un hombre, pero en el fondo era, en verdad, un lobo estepario (…)”
Resignada me senté sobre el anden a escuchar esos hermosos versos, que en antaño habían acompañado la soledad de quién buscaba incandescente las respuestas en una pluma desconocida. Abrí la cajetilla de cigarros, saque uno y empecé a fumar apaciblemente. Así pues, deje oír musicalmente en mi conciencia la lectura que ella seguía silenciosa, y solamente en ese momento comprendí, por fin, quién era aquella mujer de la que me había enamorado.
miércoles, 25 de febrero de 2009
El toma con alegría su pluma escribe cuatro versos mirando hacia el vació Yo lo miro como esperando algo, una palabra suya que redimá la espera pero no dice nada calla!
Ella lo mira, lo desea, lo sé lo ha confesado al parpadear y sus manos tiemblan cada vez que el retuerce su mano, anunciando un nuevo verso, como en retaílas, segundos milenarios convertidos en cenizas
Pienso con añoranza Me gustaría estar ahí, ser la letra penetrada en el papel el veneno que atrapará mentes furtivas cólericas, silenciosas de palabras, ausentes de llantos, amantes sin besos, amigas sin complice
De cualquier modo, ser su poema ser la mancha imborrable del tiempo el esfuerzo de quién inútil busca interpretarle aquella voz que me repetirá musicalmente como enamorando una dama Pero estar ahí, ser su poema. Mientras cavilo en mis deseos de eternidad él continua escribiendo versos, entre taciturno entre exaltado Ella quién le mirá nerviosa con evasivas silenciosas Y yo, espectante taciturna como él exaltada como siempre buscandome entre sus versos que aún no leo hallando las respuestas perdidas en su pluma Implorando la infinidad a través de sus manos, Ser su poema ese que esta escribiendo ese que estoy esperando.
sábado, 14 de febrero de 2009
"El aire no es un aroma, no huele a nada. Desde el principio ha sido destinado para mi boca, Estoy enamorado de él. Iré a la ribera junto al bosque, me quietaré el disfraz y quedaré desnudo, Me enloquece el deseo de que el aire toque todo mi cuerpo". Walt Whitman
Y si como Whitman dejará florecer en las gardenias de mi costado el ramaje que me círcule
Y si tan solo en mi lado contaminado del pulmon izquierdo dejará gritar ardientes mis ánsias de vida
Si pudiera desnudar cada centigrado de mi cuerpo y perder en el trayecto la piel que oculta mi llama! ¡Si me lanzará al silencio!
Si dejará oir los estruendos de mi sangre en el recorrido de mis organos Si palpará cada vena y oliera el perfume de mis fluidos Que tal si besará cada párpado al abrir mis ojos y en la revelación del nuevo día encontrará perdida en el horizonte mi figura difuminada dividida por los rayos solares que la cuestionan Y preguntarme... Si aquella figurita bailando entre la lluvia ¿puedo ser yo?...
domingo, 8 de febrero de 2009
Las palabras salen corriendo de la carcel de mi lengua persiguen el vacío buscando respuestas intangibles
Las palabras salen pidiendo auxilio a la existencia. Reclamandole al destino una deuda insaldable
Las palabras salen de mis ojos buscando la guarida perfecta donde poder ser en el lugar donde me soy donde me creo aquella morada que me restituye para luego decaer en el infinito.
Y tu continuas bailando tango con la música celestial de mi silencio
caminando largas distancias te encuentro danzarina de mis noches ausentes
con gran sensualidad me miras besándome toda, te veo estremecer entre el horizonte que se pierde en tu pupila y podría quedarme ahí extasiada! en la contemplación de la hermosura de tu baile
Sin respiración continuas asfixiándote de mi oxigeno, te respiro, me ahogo, y lo repito consecutivamente para perderme de tu existencia, vaciarme en llanto de ya no sentir mas verte desaparecer en este placer fugaz,
¡Oh bailarina de mis noches ausentes!
te llamo a solas! reclamando tu aire, tu veneno, retomar al éxtasis de mirarte y morirme...
Retornar atrás y olvidarte No recordar que pisaste este camino maltrecho, otro rumbo, un desvío al menos para no llegar de nuevo a tu piel?
Retornar atrás olvidarme de que existes besando otros labios que ya no besan perderme entre miradas donde no estén intactos tus ojos naufragar en el aroma que no me renumeré tu presencia
Ahí me encuentro Buscando regresar a un pasado ¡donde no existas! ¡donde no duelas! ¡donde no estes! para poder al menos decir; un te quiero, un gracias... y un adios.
domingo, 25 de enero de 2009
Dulce aroma que pasea de nuevo en soledad, recuerdos difuminados en el ardor pasajero del tiempo que se lo lleva todo. ¡Todo! Menos la añoranza de recordar de palpar esa imagen a ciegas que aún guardo escondida entre los huesos.
Pero el tiempo lo arrasta todo lo evaporá en el oceano cambiante de los años las olas me llevan en la noche danzando y ahí estoyatenida a una roca para no dejarme ir en la marea sola y triste evitando perderme para que la güarida de tu presencia no se extinga para que este fuego que me quema no se ahogue...
La lluvia cayendo ¡ caigo !, no llames al amor através de la tormenta solo hallarás frío, solo el eco del estupor y la prudencia de la incapacidad de decir adios en la llegada. Y le ves por la ventana salir de tu alma sin permiso para entrar sale sin aviso...
Afuera la lluvia sigue cayendo como ráfagas de lágrimas que deslizando caen de tu rostro la sinfonía del dolor y el cielo le hace homenaje a la tristeza...
te vas! gritas en silencio sin decir al menos ¡adios!
sábado, 15 de noviembre de 2008
He vislumbrado a lo largo de los años, o de mis cortos años, esa imagen tragica, no hay felicidad permanente en el ideario de mi misma en el horizonte, y si acaso, un poco de calidez reposa sobre mi almohada no es sino síntoma proximo de que algo doloroso le sucederá a la plenitud finita de una buena noche. No me engaño, pero algo es verdadero, es la muerte el suceso encargado de embellecer una vida que se exilio de ser vivida, por preferir sentir, dejarlo todo para testimoniar las sensaciones de la piel, y si acaso una lágrima se desliza, no es sino para terminar de homenajear en caricia toda la belleza expuesta en un cuerpo que cree sentir, llorar, doler, y por último morir...
En alguna ocasión recuerdo haber visto a dos personas ciegas intentar descifrarse con sus manos, sus dedos que tocaban territorios insospechados dictaban palabras de amor, de angustia latente; como esa cuando sientes que la eternidad no existe o que esta pronta en acabar, tal vez, en algún momento que deseaste eclipsarte en los horizontes perdidos del tiempo y el espacio. Ahí, con ese grito desesperado que se aferra al instante para no dejarle ir, para no dejar de ser y permanecer extasiados de todo cuanto existe que es belleza, de sus ojos, su voz, sus labios tan bien escritos, y ese cuerpo perfectamente dibujado que pensaste de momento era tuyo y claro que lo sabías porque lo bajaste de algún sueño, estaba entonces ese aliento oxigenando tus ansias de vivir, la última superficie antes de sucumbir al tiempo que transcurre...
“Ella era la pequeña ventanita, el minúsculo agujero luminoso en mi sombría cueva de angustia. Era la de redención, el camino de la liberación. Ella tenía que enseñarme a vivir o a morir; ella, con su mano segura y bonita, tenía que tocar mi corazón entumecido, para que al contacto de la vida floreciera o se deshiciese en cenizas.”
Dolores - Soledad Acosta
“Yo estaba muy triste entonces: el corazón humano, sin exceptuar el mío, me parecía tan pequeño, variable e indigno, bien que en lo íntimo de él guardase el recuerdo de la mujer que amé como un ángel, pero que se había convertido para mí en un ser débil, fútil, y fácilmente llevado por la voluntad ajena. A veces la conciencia me acusaba de haber cambiado yo también. Era cierto, pero no había empezado a sentirme indiferente sino cuando advertí en ella despego. Su silencio y sus vacilaciones durante nuestra separación me la habían mostrado bajo otra luz, y el antiguo ideal había desaparecido para mí"
De las tardes-Fernando Delgadillo
Si te tuviera una tarde para abrevarme en la voz, murmurante de tus fuentes una tarde para dos. Una tarde para siempre por las tardes que no estás, por las tardes que no han sido, y por las que ya no te vas. Quién te tuviera una tarde para andante recorrer las veredas, los atajos en los campos de tu piel, recorriendo amante valles, lomas, cauces de agua y flor, conquistando tus llanuras. toda una puesta de sol.
Herida - Rimbaud
“Era la forma que revestía un amor ávido de exceder el límite de las cosas y, sin embargo, ¿cuántas veces alcanzamos momentos de felicidad irrealizables, noches estrelladas, arroyuelos que transcurren?: en el bosque de Lyon, ya en la noche, ella caminaba en silencio... sentía cómo mi destino caminaba a mi lado... Es imposible expresar con una sola frase la posibilidad que tenía de reconocerla: también soy incapaz de expresar su belleza, belleza imperfecta, móvil imagen de un destino ardiente y tenue. La fulgurante transparencia de esas noches es también inefable”. Bataille
La despedida-Fito Paez
Sabe amargo el licor, de las cosas queridas, se acabó lo mejor, quién nos quita esta herida, tu me pierdes a mí yo te doy por perdida, es la hora de huir, la despedida, la despedida ...
Ms Dalloway - Virginia Woolf
“Con todo, en algunas ocasiones era incapaz de resistirse al encanto de una mujer, no de una niña, de una mujer confesándole, como hacían a menudo, un mal paso, una locura. Y ya fuera por compasión, o por su belleza, o porque ella era mayor, o por alguna contingencia – como un leve aroma, o un violín en la casa de al lado (tan extraño era el poder del sonido de algunos momentos), ella sentía sin lugar a dudas, lo que los hombres sienten. Sólo por un instante; pero era suficiente. Era una revelación súbita, una especie de excitación, como un sofoco, que tratabas de contener, pero conforme se extendía no te quedaba más remedio que entregarte a temblar y sentías que el mundo se te acercaba, hinchando con un significado sorprendente, con una especie de pasión que te llevaba al éxtasis, porque estallaba por la piel y brotaba y fluí a como un inmenso alivio por fisuras y llagas. Y entonces, en ese preciso momento, había tenido una iluminación. La luz de una cerilla en una flor de azafrán; un significado interior que casi llegaba a verbalizarse. Pero la presión se retiraba; lo duro se volvía blando; el momento había terminado”.
Jose Luis Guerin - Las mujeres que no conocemos
"Vislumbraba uno de esos seres que a través de su rostro especial nos anuncia la posibilidad de una felicidad nueva. Cuando es especial, la belleza multiplica las promesas de felicidad. Cada ser es como un ideal aún desconocido que se abre a nosotros. Y ver pasar un rostro deseable que no conocíamos nos abre nuevas vidas que deseamos vivir. Desaparecen a la vuelta de la esquina, pero esperamos volver a verlos, nos quedamos con la idea de que hay más vidas por vivir de las que pensamos, lo que da más valor a nuestra persona. Un nuevo rostro que ha pasado es como el encanto de un nuevo lugar que nos ha revelado un libro. [...] Qué importa si no partimos, sabemos que existe, tenemos una razón más para vivir. Así miraba por la ventana para ver que la realidad y la posibilidad de vida que sentía junto a mí a cada hora contenían innumerables posibilidades diferentes de felicidad [...]Por desgracia no conoceremos todas las felicidades [...]Al menos nos dan nuevas razones para vivir." Fuente Deeegie - Marcel Proust