"Mi padre dijo una vez: si quieres ver el alma de alguien, tienes que conocer sus sueños. Asì sentiràs compasiòn por aquellos que estàn peor que tù". Arizona Dream - Emir Kusturika

viernes, 27 de febrero de 2009

¡Nos Miramos!




"Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas". J.L.Borges


Me miró, nos miramos, se sentó en mi mesa, tomo de mi café sin perder por un segundo de vista mis ojos, acarició mi mano y me ruboricé. La reconocía, con exactitud donde o como, no.
Era un rostro familiar, de esos que se cruzan atrevidos en tus sueños para recordarlos al día siguiente de camino al trabajo. Pero estos, sus ojos, oscuros como lagunas, azabaches; me ahogaban y sumergían mis recuerdos en un estancia desconocida, algún lugar donde no podía ubicar mi memoria. No podía negar la seducción que me producía entrar en ellos y ser también su última visión. ¿Sentiría celos acaso, cuando ella movida por el sonido estruendoso de algún lápiz al caer, de vuelta a su mirada, para encontrarse con otros que también creen reconocerle? Tal vez si! Por ahora, disfrutaba aún de nuestra intimidad visual, del silencio que compartíamos sin motivo alguno, nada decíamos, porque no eran necesarias las palabras.

Absorta le observé por largo tiempo, vi sus ademanes al tomarse el café, el movimiento oblicuo de su mano para levantar la taza y el modo como parpadeaban sus ojos al saborearse. Veía en su rostro una sonrisa de satisfacción, creía yo, orgullosa de ser el centro de mi turbación y congoja.
Esta mujer, era desde ya propietaria de mis pertenencias, se fumó uno a uno los cigarros contenidos de la cajetilla que horas antes había comprado. No quería ninguna distracción, así que preferí aspirar del humo que ella lanzaba atractivamente hacía mi rostro.

Acabado el último cigarro, creí ver algún cambio en la expresión de su cara, frunció el ceño y oh dolor! volteó su mirada hacia el hombre que estaba sentado a mi derecha. Sentí como algo inexplicable se pasaba por dentro para calcinarme. Me preguntaba si ella estaba esperando mi reconocimiento, mi reacción al comprender de donde me era familiar su imagen, tal vez expectante de un saludo cordial o una sonrisa de alegría al reencontrarnos. Pero no, no lo sabía, y en mi memoria no cabía ella, era como si al mirarla estuviera siendo registrada por vez primera, para quedarse intacta y eterna cada vez que tomaba de mi café, me acariciaba tímidamente la mano y fumaba de mis cigarros. Segundos después, recobré el aliento, había vuelto a clavarme sus ojos, y otra vez, experimentaba esa sensación de ahogo y de asfixia, de añoranzas aniquilan tés, de dolor sofocante y de olvido.

Lo único que pensaba de momento, en lo mucho que dolía aquella presencia, tan pesada para mis ojos, tan silenciosa para mi voz, tan lejana para mis manos. Y no había ya ningún cigarro que al menos logrará despistar mi sensación; ¿Que iba hacer? me lo cuestionaba repetidamente, tenía deseos de salir corriendo, como salirme de mí, de nuevo ese querer aniquilarme. ¿Pero porque no interrumpía el silencio? ¿Porque no salían palabras de mi boca? Sin embargo todo seguía ahí, intacto como hace horas; Yo, mirándole, ella tomando de ese café interminable, fumando de ese último cigarro que tenía entres sus manos y yo de vez en cuando sintiendo el estremecimiento del roce de su mano con la mía.

No todo podía quedarse estático, todo tenía que acabar-pensaba dándome esperanzas-, debía culminar la noche y la luna cambiaría de posición, de este modo, me percataría de la movilidad del tiempo. Afortunadamente minutos después, un torrente de lluvia cayó, ella movida por el estruendo de la lluvia y el frío que comenzaba a ser notorio sobre su blusa, agarro mi mano, y me indico que la siguiera.


Caminamos algunas cuadras a merced de la lluvia, orgullosas la desafiábamos con desdén, no era necesario correr, íbamos a paso lento, sintiendo el palpar de las gotas derramadas por nuestros cuerpos, su humedad y la mía. Líquidos yacían a nuestro alrededor, llovizna, agua sobre el mundo, agua sobre nuestros cuerpos, nuestros pies bailando sobre los charcos creados de la lluvia, todo un homenaje al zumo natural de la vida.

Al llegar a un frondoso árbol, ella se adecuó frente mío, y con sus manos líquidas empezó a acariciar mi rostro, lo miraba con una ternura que hasta ahora conocía, bebió del agua cayendo por mis labios, sentí perderme, vaciarme, dejar de ser. Ese reposar de sus labios sobre los míos, me había dejado perpleja, reconocía su aliento a tabaco, cafeína y almíbar, pero nada que recordaba a quién…? Aún estaba ese lago inmemorable del olvido que no dejaba penetrar el recuerdo del porque? ¿Porque la sentía tan mía? ¿Tan yo? Dolían sus besos, que ardientes me quemaban como ningún otro beso lo había hecho, pero le seguí el juego. Me despojó de la vestimenta, y del mismo modo como palpó mis labios húmedos, lo hizo con mi cuerpo temeroso, mientras tanto, exploraba en ella algún vestigio que terminará por aclararme la duda de quién era, me dedique a medir sus manos, rozar sus dedos, oler cada centígrado de sus extremidades y a sentir toda la humedad inherente de su cuerpo, con intentos de derruir todos los abismos antes interpuestos entre las dos.

Desperté y la mas bella luz del sol - que jamás había visto- se proyectó sobre mi rostro, no me cegaba, contrariamente aclaraba el día de manera asombrosa, el equilibrio perfecto de la luz sobre los objetos del mundo. Adormecida y cansada, me levante del árbol, agarre mi ropa para vestirme de nuevo y al hacerlo cayó sobre el suelo la cajetilla de cigarros, para mi sorpresa completamente llena. Recordé fugazmente los sucesos de la noche y una extraña sonrisa de la nada se asomo por mis labios, como en complicidad conmigo misma. No le di mas vueltas al asunto y proseguí mi camino a casa.

Estando a poca distancia, pude ver una silueta sentada en el escritorio de mi cuarto, cuanto iba acercándome a la escena, noté sorpresivamente que era ella de nuevo y tenía entre sus manos el ejemplar de uno de mis libros predilectos, cuál leía con orgiástica atención. Mezcla de rabia y celos, quería sacar a esa mujer de mi cuarto, imploraba decirle que se largara de mi vida, que la odiaba con todo el odio que se le puede tener a quién uno ama, pero que tendría que irse, irse pronto de mi…De pronto un fuerte estruendo se comenzó a perpetuar en mi cabeza, y acto seguido, una voz muy nítida que venía de les estrechos confines de la memoria, repetía:

Erase una vez un individuo de nombre Harry, llamado el lobo estepario. Andaba en dos pies llevaba vestidos y era un hombre, pero en el fondo era, en verdad, un lobo estepario (…)”

Resignada me senté sobre el anden a escuchar esos hermosos versos, que en antaño habían acompañado la soledad de quién buscaba incandescente las respuestas en una pluma desconocida. Abrí la cajetilla de cigarros, saque uno y empecé a fumar apaciblemente. Así pues, deje oír musicalmente en mi conciencia la lectura que ella seguía silenciosa, y solamente en ese momento comprendí, por fin, quién era aquella mujer de la que me había enamorado.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

y fue real???...
pregunta la de las alas...que se me han extraviado un poco por si las has visto...
v

Anónimo dijo...

...q bueno q te enamores de ti...es la mejor manera de enamorarse...

Poupée Cassée dijo...

Está muy lindo, me encantó, hace falta mucho de esto en varios blogs y también se necesita gente que se interese por lo que uno escribe.
En fin, supongo que te lo han dicho mil veces pero, escribes muy bonito, felicidades.
Saludos

Anónimo dijo...

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Destino - Salvador Dalí y Walt Disney


“Ella era la pequeña ventanita, el minúsculo agujero luminoso en mi sombría cueva de angustia. Era la de redención, el camino de la liberación. Ella tenía que enseñarme a vivir o a morir; ella, con su mano segura y bonita, tenía que tocar mi corazón entumecido, para que al contacto de la vida floreciera o se deshiciese en cenizas.”

Dolores - Soledad Acosta

Dolores - Soledad Acosta
“Yo estaba muy triste entonces: el corazón humano, sin exceptuar el mío, me parecía tan pequeño, variable e indigno, bien que en lo íntimo de él guardase el recuerdo de la mujer que amé como un ángel, pero que se había convertido para mí en un ser débil, fútil, y fácilmente llevado por la voluntad ajena. A veces la conciencia me acusaba de haber cambiado yo también. Era cierto, pero no había empezado a sentirme indiferente sino cuando advertí en ella despego. Su silencio y sus vacilaciones durante nuestra separación me la habían mostrado bajo otra luz, y el antiguo ideal había desaparecido para mí"

De las tardes-Fernando Delgadillo

De las tardes-Fernando Delgadillo
Si te tuviera una tarde para abrevarme en la voz, murmurante de tus fuentes una tarde para dos. Una tarde para siempre por las tardes que no estás, por las tardes que no han sido, y por las que ya no te vas. Quién te tuviera una tarde para andante recorrer las veredas, los atajos en los campos de tu piel, recorriendo amante valles, lomas, cauces de agua y flor, conquistando tus llanuras. toda una puesta de sol.

Herida - Rimbaud

Herida - Rimbaud
“Era la forma que revestía un amor ávido de exceder el límite de las cosas y, sin embargo, ¿cuántas veces alcanzamos momentos de felicidad irrealizables, noches estrelladas, arroyuelos que transcurren?: en el bosque de Lyon, ya en la noche, ella caminaba en silencio... sentía cómo mi destino caminaba a mi lado... Es imposible expresar con una sola frase la posibilidad que tenía de reconocerla: también soy incapaz de expresar su belleza, belleza imperfecta, móvil imagen de un destino ardiente y tenue. La fulgurante transparencia de esas noches es también inefable”. Bataille

La despedida-Fito Paez

La despedida-Fito Paez
Sabe amargo el licor, de las cosas queridas, se acabó lo mejor, quién nos quita esta herida, tu me pierdes a mí yo te doy por perdida, es la hora de huir, la despedida, la despedida ...

Ms Dalloway - Virginia Woolf

Ms Dalloway - Virginia Woolf
“Con todo, en algunas ocasiones era incapaz de resistirse al encanto de una mujer, no de una niña, de una mujer confesándole, como hacían a menudo, un mal paso, una locura. Y ya fuera por compasión, o por su belleza, o porque ella era mayor, o por alguna contingencia – como un leve aroma, o un violín en la casa de al lado (tan extraño era el poder del sonido de algunos momentos), ella sentía sin lugar a dudas, lo que los hombres sienten. Sólo por un instante; pero era suficiente. Era una revelación súbita, una especie de excitación, como un sofoco, que tratabas de contener, pero conforme se extendía no te quedaba más remedio que entregarte a temblar y sentías que el mundo se te acercaba, hinchando con un significado sorprendente, con una especie de pasión que te llevaba al éxtasis, porque estallaba por la piel y brotaba y fluí a como un inmenso alivio por fisuras y llagas. Y entonces, en ese preciso momento, había tenido una iluminación. La luz de una cerilla en una flor de azafrán; un significado interior que casi llegaba a verbalizarse. Pero la presión se retiraba; lo duro se volvía blando; el momento había terminado”.

Jose Luis Guerin - Las mujeres que no conocemos

Jose Luis Guerin - Las mujeres que no conocemos
"Vislumbraba uno de esos seres que a través de su rostro especial nos anuncia la posibilidad de una felicidad nueva. Cuando es especial, la belleza multiplica las promesas de felicidad. Cada ser es como un ideal aún desconocido que se abre a nosotros. Y ver pasar un rostro deseable que no conocíamos nos abre nuevas vidas que deseamos vivir. Desaparecen a la vuelta de la esquina, pero esperamos volver a verlos, nos quedamos con la idea de que hay más vidas por vivir de las que pensamos, lo que da más valor a nuestra persona. Un nuevo rostro que ha pasado es como el encanto de un nuevo lugar que nos ha revelado un libro. [...] Qué importa si no partimos, sabemos que existe, tenemos una razón más para vivir. Así miraba por la ventana para ver que la realidad y la posibilidad de vida que sentía junto a mí a cada hora contenían innumerables posibilidades diferentes de felicidad [...]Por desgracia no conoceremos todas las felicidades [...]Al menos nos dan nuevas razones para vivir." Fuente Deeegie - Marcel Proust